PENTECOSTÉS 2012.

mayo 24th, 2012

Poco a poco, vamos aprendiendo a vivir sin interioridad. Ya no necesitamos estar en contacto con lo mejor que hay dentro de nosotros. Nos basta con vivir entretenidos. Nos contentamos con funcionar sin alma y alimentarnos solo de pan. No queremos exponernos a buscar la verdad. Ven Espíritu Santo y libéranos del vacío interior.

Ya sabemos vivir sin raíces y sin metas. Nos basta con dejarnos programar desde fuera. Nos movemos y agitamos sin cesar, pero no sabemos qué queremos ni hacia dónde vamos. Estamos cada vez mejor informados, pero nos sentimos más perdidos que nunca. Ven Espíritu Santo y libéranos de la desorientación.

Apenas nos interesan ya las grandes cuestiones de la existencia. No nos preocupa quedarnos sin luz para enfrentarnos a la vida. Nos hemos hecho más escépticos pero también más frágiles e inseguros. Queremos ser inteligentes y lúcidos. ¿Por qué no encontramos sosiego y paz? ¿Por qué nos visita tanto la tristeza? Ven Espíritu Santo y libéranos de la oscuridad interior.

Queremos vivir más, vivir mejor, vivir más tiempo, pero ¿vivir qué? Queremos sentirnos bien, sentirnos mejor, pero ¿sentir qué? Buscamos disfrutar intensamente de la vida, sacarle el máximo jugo, pero no nos contentamos solo con pasarlo bien. Hacemos lo que nos apetece. Apenas hay prohibiciones ni terrenos vedados. ¿Por qué queremos algo diferente? Ven Espíritu Santo y enséñanos a vivir.

Queremos ser libres e independientes, y nos encontramos cada vez más solos. Necesitamos vivir y nos encerramos en nuestro pequeño mundo, a veces tan aburrido. Necesitamos sentirnos queridos y no sabemos crear contactos vivos y amistosos. Al sexo le llamamos “amor” y al placer “felicidad”, pero ¿quién saciará nuestra sed? Ven Espíritu Santo y enséñanos a amar.

En nuestra vida ya no hay sitio para Dios. Su presencia ha quedado reprimida o atrofiada dentro de nosotros. Llenos de ruidos por dentro, ya no podemos escuchar su voz. Volcados en mil deseos y sensaciones, no acertamos a percibir su cercanía. Sabemos hablar con todos menos con él. Hemos aprendido a vivir de espaldas al Misterio. Ven Espíritu Santo y enséñanos a creer.

Creyentes y no creyentes, poco creyentes y malos creyentes, así peregrinamos todos muchas veces por la vida. En la fiesta cristiana del Espíritu Santo a todos nos dice Jesús lo que un día dijo a sus discípulos exhalando sobre ellos su aliento: “Recibid el Espíritu Santo“. Ese Espíritu que sostiene nuestras pobres vidas y alienta nuestra débil fe puede penetrar en nosotros por caminos que solo él conoce.

Jesús Abenza

San Longinos

abril 21st, 2012

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San Longinos o Longino de Cesarea fue, según algunas tradiciones cristianas, el soldado romano que traspasó el costado del cuerpo de Jesús con su lanza; conocida como La Santa Lanza. Su nombre no es mencionado en la Biblia su referencia la encontramos en el evangelio apócrifo de Nicodemo, también llamado Hechos de Pilatos, donde el soldado es identificado como un centurión llamado «Longinos» («Longinus» en latín) en el que además se menciona a los ladrones crucificados junto a Jesús: Gestas y Dimas.

Aunque el nombre no se recoge en la Biblia ésta si hace constar “La lanza” que se menciona en el Evangelio de Juan (19, 33-34). La lanza Sagrada, también conocida como lanza del Destino, lanza de Longino o lanza de Cristo, sin embrago no aparece en ninguno de los evangelios sinópticos.

En el evangelio de Juan se indica que los romanos planearon romper las piernas de Jesús, una práctica conocida como crurifragium, que era un método doloroso de acelerar la muerte durante la crucifixión de los condenados a este tipo de castigo. Momentos antes de que los soldados romanos así lo hicieran, vieron que él ya había muerto y por eso pensaron que no había ninguna razón para romperle las piernas. Para cerciorarse de que estaba muerto, un soldado le clava su lanza en un costado. “Pero al llegar a Jesús, como le vieron ya muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados le atravesó el costado con una lanza y al instante salió sangre y agua.”Juan, (19,33-34).

El fenómeno de la sangre y el agua era considerado como un milagro de acuerdo a Orígenes, para los católicos tiene un significado más profundo, representa la Iglesia (específicamente los sacramentos del bautismo y la eucaristía) que fluyen del costado de Cristo, así como Eva surgió del costado de Adán.

La Iglesia Católica, la Ortodoxa Oriental y la Armenia veneran a Longino como mártir. En Jerusalén, San Longino es venerado como el soldado que abrió el costado del Señor crucificado con una lanza. Los armenios lo conmemoran el día 22 de octubre. Por su parte, en la Basílica de San Pedro, Vaticano, se halla una estatua de Longino que fue esculpida por Bernini, y, en la misma basílica se conserva el fragmento de una punta de hierro que, según se asegura, pertenece a la Santa Lanza.

En el Evangelio de Marcos 15,36-39 al describir la muerte de Jesús se dice que uno corrió a mojar una esponja en vinagre y, poniéndola en la punta de una caña, le dio de beber, diciendo: “Vamos a ver si Elías viene a bajarlo”.

Al verlo expirar así, el centurión que estaba frente a él, exclamó: “¡Verdaderamente, este hombre era Hijo de Dios!”; En el evangelio de Lucas 23,47 Cuando el centurión vio lo que había pasado, alabó a Dios, exclamando: “Realmente este hombre era un justo”; en el Evangelio de Mateo 27, 54 El centurión y los hombres que custodiaban a Jesús, al ver el terremoto y todo lo que pasaba, se llenaron de miedo y dijeron: “¡Verdaderamente, este era Hijo de Dios!”; y en el Evangelio de Juan 19,34 “uno de los soldados le atravesó el costado con la lanza, y en seguida brotó sangre y agua”.

Sin duda las palabras del centurión Longino fueron una auténtica profesión de fe y no es de extrañar pues sus ojos vieron la negrura del cielo y contemplaron el firmamento abierto por los rayos, sus huesos sintieron el terremoto que hizo saltar las piedras en pedazos, sus oídos oyeron el rumor de que el crucificado había resucitado muertos y se habían dejado ver por Jerusalén. Sus manos actuaron como si de un médico forense se tratara pues le tocó cumplir con su trabajo de ratificar la muerte de los ajusticiados y por ello metió su lanza en el costado de aquel hombre que ya había muerto, y mientras sus hombres quebraban las piernas de los otros compañeros de suplicio que aún estaban vivos.

Se ocupó, con otros soldados romanos de la custodia de la sepultura y aunque quedó desconcertados la mañana en que se encontró el sepulcro vacio no se sumó al artificioso argumento de ocultar el misterioso hecho negándose a aceptar el dinero que le ofrecieron para comprar su silencio; de Longino se afirma que abandonó la milicia, marchó a Capadocia y allí se convirtió en predicador de Cristo resucitado.

Aunque quedará la duda de si se llamaba Longino de verdad, o si este nombre no es más que la personalización de una función, por la etimología de lanza en griego, nadie en cambio dudará que sus ojos vieron, sus oídos oyeron, sus manos tocaron y su lengua dijo “¡Verdaderamente, este hombre era Hijo de Dios!”.

Como decía Louis Wohl “Quien busca honradamente, halla… vivir como un agnóstico puede aceptarse, pero continuar siéndolo…, eso sólo puede llevar a la perdición”.

ANDRES SILVENTE GONZALEZ

LA EXPULSIÓN DE LOS MERCADERES DEL TEMPLO

marzo 11th, 2012

Los mercaderes en el templo son más numerosos de lo que ordinariamente se piensa. Y la operación limpieza tendrá éxito cuando no sólo quede eliminado el ruido del dinero junto al altar, sino cuando quede bien extirpada la raíz profunda de todo trapichondeo con Dios. Es preciso decirlo bien claro: en la iglesia no se permite hacer ningún comercio. Ni siquiera el comercio o el negocio de la salvación. Me explico. Hay gente que va a la iglesia con el único fin de arreglar los asuntos de su salvación. Una compraventa en plena regla. Se le dirige a Dios un discurso de este estilo: “Tú me das un rincón del cielo y yo te lo pagaré con la misa de los domingos, y asunto concluido”.Una mentalidad de este calibre es una mentalidad… que merece latigazos.

Otras formas de mercado. Recurrir al Señor con la oración sólo cuando estamos con el agua al cuello y nos urge su intervención para sacarnos del apuro. Quizás hemos pisoteado impunemente, durante largo tiempo, las exigencias de Dios con nosotros, cuando todo andaba bien. Luego, a la primera señal de peligro, hacemos sonar la sirena de alarma. Y ¡ay si Dios no acude pronto! En una palabra, Dios a nuestra disposición y no nosotros a disposición de Dios. Y esto es un cristianismo falso. Un cristianismo de bandidos.

La cosa es más evidente todavía en relación a los santos. Para simplificar las cosas, incluso hemos llegado a distribuirles la tarea y a especializarlos en determinados asuntos. Tenemos una larga lista de santos de socorro de urgencia, encargado cada uno de un sector particular y sabemos en cada caso a quién hemos de dar un telefonazo. Naturalmente les pagamos las molestias; no es que queramos gratis sus favores: una vela encendida, una novena, un hábito. Los santos, que deberían iluminarnos para descubrir la belleza del evangelio que es Jesús, han quedado domesticados y utilizados para nuestro servicio. También ellos a nuestra disposición.

La operación limpieza del templo sólo se completará cuando logremos desarraigar esa mentalidad mercantil, esa concepción utilitarista de la religión que nos hace roñosos y mezquinos, que nos transforma en comerciantes a la sombra del templo. Y los traficantes del templo no hemos de olvidarnos de que, en el lenguaje del Señor, merecemos el nombre de “bandidos”. En nuestro nivel cultural, esta forma de degradar nuestra santa religión está promoviendo que muchos se marchen.

JESÚS QUIERE LIMPIAR EL TEMPLO. 

Jesús Abenza

RESUCITAR LA CUARESMA 2012: LOS SIGNOS.

febrero 26th, 2012

Sí, los “signos”. Esto lo sabes tú muy bien. El beso, que es un signo, puede ser el de Judas, TRAICIÓN, o el primero de una madre a su recién parido, TERNURA INFINITA.

¿Qué hacemos con la ceniza y el ayuno? En sí no son nada. Hay que mirar el signo y el significado. Las cosas, los ritos, los gestos, no valen tanto por sí mismos, sino por el signo y el significado, por el fin para lo que se hacen y por el espíritu con que se hacen. Es lo que bellamente nos enseña hoy Jesús en el evangelio. La limosna en sí no es nada. La limosna puede ser un ropaje del orgullo. La limosna sólo vale si procede de la misericordia y el amor. La oración en sí no es nada. La oración puede ser un acto de autocomplacencia o un afán por fabricarte tu aureola. La oración sólo es buena si es fruto del Espíritu y el amor. El ayuno en sí no es nada. El ayuno puede servir para alimentar tu vanidad. El ayuno que agrada al Padre es el que se hace desde la humildad y la caridad. Ayunos, oraciones y limosnas, pero no por la mera ley, ni siquiera buscando la recompensa, sino porque te salga del alma.

AYUNO/AUSTERIDAD. En cuanto a nuestro ayuno. Hoy es más necesario que nunca, por aquello del consumismo. Nuestro ayuno es una llamada a la austeridad y a la solidaridad. No ayunamos para mortificar el estómago, sino el egoísmo. Ayunamos para ser más libres, contra el dictado consumista. Ayunamos para compartir con los que ayunan forzosamente todos los días. Ayunamos desde el amor y para el amor.

LA CONDICIÓN HUMANA. La ceniza nos habla de nuestra fragilidad, de nuestra condición humana: mortal y pecadora. Pero las palabras que acompañan iluminan el rito y elevan nuestra mirada: «Convertíos y creed en el evangelio». Así pues, la ceniza nos convence de la necesidad del evangelio, de la necesidad de aceptar y creer la Buena Noticia que es Jesús. Un evangelio que nos salva de la fragilidad y de la muerte; por eso es Buena Noticia. Un evangelio capaz de transformar nuestras cenizas en luz. Hoy nos imponemos la ceniza para propiciar nuestra conversión y para ayudarnos a creer más en el evangelio. Hoy nos imponemos la ceniza para convencernos de que nuestra propia ceniza puede ser redimida y resucitada, ceniza «enamorada», ceniza iluminada, ceniza consagrada.

Jesús Abenza.

Nacimiento de la vida para ti (Navidad 2011)

enero 7th, 2012

NACIMIENTO DE LA VIDA PARA TI. 

 nino-roque-lopez.jpgEs el significado de la palabra latina “nativitate“: “nati“=nacimiento, “vita“= de la vida, “te“= para ti.Estamos continuamente ante el regalo inmenso de Dios que ha cambiado la historia con una novedad absoluta: “La palabra se hizo carne“. Dios se ha hecho hombre. Jamás nadie imaginó este misterio de Dios.Y partir de esta encarnación-nacimiento, la carne de Cristo es el lugar de la presencia de Dios. Esta carne deja traspasar, sin salirse de ella, el esplendor de su filiación divina.Esta es la gloria que hemos contemplado, gloria que recibe del Padre como unigénito, lleno de gracia y de verdad.A nosotros, como a los pastores, el ángel – palabra nos ha dicho donde tenemos que ir. Como Dios, que deja su gloria y camina a un mundo oscuro e incierto, nosotros vamos hacia el Niño, hacia la pobreza, las limitaciones y la humanidad que no terminamos de aceptar. Somos ingenuos idólatras incapaces de entender a Dios. Buscadores de triunfos, reconocimientos, y glorias efímeras, ante las que nos postramos, para recibir su falso poder.Para encontrar a Dios, el hombre cristiano es puesto en las calles del mundo y enviado a los encadenados, pobres, sufrientes, desnudos, enfermos o presos; y ¡ojo!, que muchas veces, como nosotros mismos, revestidos del traje que disimula todo el dolor y el desgarro interior.Esta es la alegría que anunciamos: Dios no nos abandona, tiene un Hijo para nosotros que recorre nuestro mismo camino, la gran calle del mundo. Y esta calle, gran paradoja, lleva a la gloria de Dios, cuando el Espíritu entra en nosotros, y desde la debilidad aparece la fuerza de Dios que renueva nuestra vida. La vida para ti, para todos. Es NAVIDAD. IMAGEN: NIÑO DE ROQUE LÓPEZ QUE PONEMOS EN EL TABERNÁCULO. ESTE AÑO ES EL SEGUNDO CENTENARIO DE LA MUERTE DEL ESCULTOR.

JUEVES SANTO: La Eucaristía hace a los cristianos.

abril 23rd, 2011

La conocida, certera y repetida frase “La Eucaristía hace a la Iglesia. La Iglesia hace la Eucaristía” bien podríamos traducirla y parafrasearle por esta otra: “La Eucaristía hace a los cristianos. Los cristianos hacen la Eucaristía”. Y dentro de la grandeza y de la hermosura de estos axiomas, surge también el reto y el desafío: ¿Cómo hacemos los cristianos la Eucaristía? ¿La hacemos como debemos hacerla, esto es, dejamos que sea ella quien nos haga a nosotros? Nuestra vivencia de la Eucaristía nos modela, nos transforma, nos retrata, nos perfila y hasta nos delata. Una Eucaristía rutinaria, despistada, con prisas, sin la atención precisa, irá poco a poco modelando de este mismo modo nuestra vida cristiana.

Por ello, en esta tarde del Jueves Santo 2009, en esta tarde del cumpleaños de la Eucaristía, bueno será nos hagamos y nos dejemos examinar por la Eucaristía. Y es que la Eucaristía es la escuela de la vida. Simplemente desde los mismos ritos, partes y significados de la Eucaristía, he aquí diez actitudes cristianas al estilo de la Eucaristía, diez actitudes eucarísticas para hacer de la vida eucaristía y de la eucaristía vida. 

1.- Una actitud orante. A la Eucaristía vamos a rezar, a tratar de amistad con quien sabemos nos ama. El –el Señor de la Eucaristía- nos mira con amor en la Eucaristía. ¿Cómo le miramos nosotros? ¿Cómo es nuestra mirada? Esta actitud orante se traduce a la alabanza (el Gloria), es impetración e intercesión (Preces u oraciones de los fieles). Es acción de gracias (Doxología final). Es Padre Nuestro. Es diálogo de intimidad (Oración de postcomunión).

2.- Una actitud, un estilo comunitario, eclesial. En la Eucaristía nunca estamos ni vamos solos. Ni siquiera en las llamadas misas privadas. La Eucaristía es la fiesta de la Iglesia. Estamos con los hermanos. Somos asamblea, reunión, “Ecclesia”, Iglesia. La Eucaristía nos hace más “iglesia”, más hermanos, más solidarios. La Eucaristía es y nos introduce en el banquete de la fraternidad y de la nueva humanidad. 

3.- Un actitud, un estilo humilde y penitente. Toda celebración de la Eucaristía –a través de sus distintas formas y ritos- comienza por el rito penitencial. Nos hace sentirnos humildes, pequeños, pecadores, necesitados del perdón y de la gracia de Dios. “Quien esté limpio de pecado…”. Vivir la Eucaristía como la Eucaristía es nos ha de hacer humildes, ha de fomentar en nosotros la humildad, virtud religiosa capital, virtud clave del cristianismo.

4.- Una actitud escuchante. Es la Palabra de Dios la que se proclama en la Eucaristía. Dios nos habla a través de los textos bíblicos elegidos por la liturgia para las distintas ocasiones. Dios tiene algo muy importante y vital que contarnos. Debemos abrir bien los oídos y el corazón. En la Eucaristía, Dios mismo nos habla. Nos da su Palabra, la fuente y el manantial de la verdadera sabiduría. 

5.- Una actitud confesante. La Palabra proclamada, sentida, escuchada, dispuesta a traducir en vida nos lleva a confesar y a proclamar nuestra fe. Es el Credo. La Eucaristía es escuela de la fe. Es escuela del testimonio de esa fe que es también Eucaristía. La Iglesia y la humanidad necesitan de cristianos de la Eucaristía, de cristianos confesantes.

6.- Una actitud oferente. El ofertorio de cada Eucaristía nos enseña a ser también nosotros ofrenda permanente. Pone en valor y en relieve la importancia de nuestro trabajo y de nuestro afán. Habla asimismo de solidaridad a favor de los que menos tienen. Y nos muestra que la ofrenda agradable a Dios siempre se transforma en vida y en fruto para nosotros mismos y para los demás. 

7.- Una actitud sacrificada, abnegada, entregada, generosa, hecha oblación. Es la consagración. Es la memoria y la actualización sacramental del único y perfecto sacrificio de Jesucristo, que nos da ejemplo y nos llama a ser también nosotros sacrificio de expiación. Es la reiteración de la parábola, de la imagen del grano de trigo que, al caer en la tierra -en la besana abierta de nuestra vida- y al ser enterrado en ella, no muere sino que solo es puede brotar y florecer en la espiga de oro.

8.- Una actitud pacífica y pacificadora. Tiene su emblema en el momento del rito de la paz. A ejemplo y modelo de Jesús, el Príncipe de la Paz, quien hizo con su sangre derramada en la cruz. La Eucaristía es paz, la Eucaristía sella la paz, es compromiso de paz. Es promesa y prenda ciertas de paz. 

9.- Un actitud comulgante, un estilo de cristianos de comunión. No de cristianos por libre, sino de cristianos de comunión con el Señor a quien recibimos sacramental en la Eucaristía de su Iglesia. De comunión con El, sí, y con su Iglesia. Con su Iglesia, representada por sus pastores y fieles. De una Iglesia que es tanto más Iglesia cuánto más comunión es. De una Iglesia que es misterio como la Iglesia y que es misión desde el misterio y la comunión.

10.- Un actitud y un estilo misioneros. La Eucaristía es para la vida. La Eucaristía es vida. Y la Eucaristía nos lleva a la vida. Nos trae de ella, no nos abstrae de ella mientras participamos en la misma y nos devuelve, transformados como misioneros, a la vida. La Eucaristía es misión. “Glorificad a Dios con vuestras vidas. Podéis ir en paz” reza la fórmula de despedida de la Misa, una fórmula que nos envía a la misión: a glorificar a Dios con nuestras vidas. Y –sabido es- la gloria de Dios es la vida del hombre, de todo hombre. Y la Eucaristía nos pone al servicio incondicional de la vida, de toda vida y de toda la vida.

ECCLESIA

Problemas fundamentales de filosofía

febrero 20th, 2011

Un profesor de filosofía de la Universidad de Murcia, entregó a sus alumnos unos apuntes titulados: “Bertrand Russell. Por qué no soy cristiano” y “Richard Dawkins. El espejismo de Dios”.

APUNTES DE FILOSOFÍA UMU

Estos apuntes, que parecen un apostolado ateo, llegaron a nuestro párroco, Jesús Abenza, que no pudo resistirse a dar su opinión, desde su experiencia de Dios, la de “un cura raso con algunos añicos” como él mismo se define, pero también la de un hombre que ha leído mucho, y que sigue leyendo porque lo necesita, alguien que, a pesar de sus años y de su experiencia, o tal vez por eso mismo, tiene “más preguntas que certezas”.

COLABORACIÓN DE JESÚS ABENZA.doc

Pues bien, esta “colaboración” de Jesús a los apuntes del profesor de filosofía de la UMU, fue enviada por este “viejo cura” al profesor mediante correo electrónico, con la propuesta de que se la entregara, igualmente, a sus alumnos.

El profesor así lo hizo.

ANDRÉS EL PROTOCLITO

noviembre 28th, 2010

Andrés, nacido en Betsaida, aldea de Cafarnaúm, a orillas del lago Genesaret, hijo de Jonás y hermano de Simón Pedro de profesión pescador en Cafarnaúm donde desempeñaba las faenas de la pesca a las que se dedicaba en el lago de Tiberíades, (Jesús dio la preferencia a los pescadores, aunque dentro del colegio apostólico había agricultores como Santiago el Menor y su hermano Judas Tadeo, y comerciantes como era el caso de Mateo). El lazo de sangre entre Pedro y Andrés, y la llamada común que les dirigió Jesús, son mencionados en los Evangelios donde puede leerse: «Mientras caminaba a orillas del mar de Galilea, Jesús vio a dos hermanos: a Simón, llamado Pedro, y a su hermano Andrés, que echaban las redes al mar porque eran pescadores. Entonces les dijo: “Seguidme, y yo os haré pescadores de hombres”». Le supuso el título de “pescador de hombres”.

Fue Andrés, el primero, de los que más tarde serían los discípulos de Jesús, en responder al llamamiento del Bautista, cuya incisiva predicación preparaba la inminente venida del Mesías. Cuando el austero profeta se lo señaló, Andrés y Juan se acercaron a Jesús y con sencillez se limitaron a preguntarle: “Rabbí, ¿dónde vives?”. Jesús les respondió: “Venid y veréis”. Y se fueron y pasaron con Él aquella tarde. Nunca jamás podría olvidar después Andrés el momento y la hora y el sitio donde estaban cuando Jesús les dijo: “Venid y veréis”. Su respuesta a esta llamada cambió su vida para siempre y es un  signo evidente de que en su corazón ya habían hecho su elección. 

El evangelio habla del Apóstol Andrés en cuatro ocasiones: la primera que podríamos denominar el llamamiento, Andrés fue como hemos dicho el primero que reclutó nuevos discípulos para el Maestro: “Andrés encontró primero a su hermano Simón y le dijo: Hemos encontrado al Mesías….”. Por esto Andrés ocupa un puesto eminente en la lista de los apóstoles siendo colocado por los evangelistas Mateo y Lucas en el segundo lugar después de Pedro. (Mt 10-14;Lc 6, 13-16). “Y los llevó a Jesús” (Jn 1-40-43) demostrando así su espíritu apostólico fuera de lo común. Precisamente, por esta razón la liturgia de la iglesia bizantina le honra con el apelativo de Protóklitos, que significa precisamente el “primer llamado”. Y a causa de la relación fraterna entre Andrés y Pedro las iglesias de Constantinopla y la de Roma se sienten hermanadas de forma especial. Estrecha relación que se vio aumentada cuando el Papa Pablo VI, devolvió en 1964, la insigne reliquia de San Andrés al obispo metropolitano ortodoxo de la ciudad de Patras, en Grecia, donde según la tradición el apóstol fue crucificado.

La segunda en la multiplicación de los panes, cuando presenta al muchacho con unos panes y unos peces; El día del milagro de la multiplicación de los panes, fue Andrés el que llevó a Jesús el muchacho que tenía los cinco panes y dos peces. Andrés es un hombre observador, lo que le hace realista: había visto al muchacho, es decir, ya le había planteado la pregunta: «Pero, ¿qué es esto para toda esta gente?» y se dio cuenta de la falta de recursos. Andrés presenció la mayoría de los milagros que hizo Jesús y escuchó, una por una, sus palabras, vivió junto a Él tres años.

La tercera, cuando se hace intermediario de los forasteros que han ido a Jerusalén y desean ser presentados a Jesús; Con motivo de la fiesta de la Pascua, narra Juan, habían venido a la ciudad santa algunos griegos, para adorar al Dios de Israel en la fiesta de Pascua. Andrés y Felipe, los dos apóstoles con nombres griegos, hacen de intérpretes y mediadores de este grupo de griegos ante Jesús. La respuesta del Señor a su pregunta parece enigmática, pero de este modo se revela llena de significado. Jesús dice a sus discípulos y, por su mediación, al mundo griego: «Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre. En verdad, en verdad os digo: si el grano de trino no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere da mucho fruto» (Jn 12, 23). ¿Qué significan estas palabras en este contexto? Jesús quiere decir: sí, mi encuentro con los griegos tendrá lugar, pero el mío no será un coloquio sencillo y breve con algunas personas, llevadas sobre todo por la curiosidad. Con mi muerte, comparable a la caída en la tierra de un grano de trigo, llegará la hora de mi glorificación. De mi muerte en la cruz surgirá la gran fecundidad: el «grano de trigo muerto» -símbolo de mi crucifixión- se convertirá, en la resurrección, en pan de vida para el mundo: será luz para todos los pueblos. Sí, el encuentro el mundo griego, tendrá lugar en esa profundidad a la que hace referencia el grano de trigo que se convierte en pan. En otras palabras, Jesús profetiza la Iglesia de los griegos, la Iglesia de los paganos, la Iglesia del mundo como fruto de su Pascua.

Tradiciones muy antiguas consideran que Andrés, quien transmitió a los griegos estas palabras, no sólo es el intérprete de algunos griegos en el encuentro con Cristo, sino que es considerado como el apóstol de los griegos en los años que siguieron a Pentecostés; dicen que en el resto de su vida fue el anunciador y el intérprete de Jesús para el mundo griego. Pedro, su hermano, llegó a Roma desde Jerusalén, pasando por Antioquía, para ejercer su misión universal desde Roma; Andrés, fue el apóstol del mundo griego: de este modo, tanto en la vida como en la muerte, se presentan como auténticos hermanos, una fraternidad que se expresa en la relación especial de las sedes de Roma y de Constantinopla, Iglesias verdaderamente hermanas.

Y la cuarta cuando con su pregunta hace que Jesús profetice la destrucción de Jerusalén. (Mc 13 1-4). “Saliendo Jesús del templo, le dijo uno de sus discípulos: Maestro, mira qué piedras, y qué edificios.  Jesús, respondiendo, le dijo: ¿Ves estos grandes edificios? No quedará piedra sobre piedra, que no sea derribada.  En Jerusalén”. Saliendo de la ciudad, un discípulo le mostró el espectáculo de los poderosos muros que sostenían el Templo. La respuesta del Maestro fue sorprendente: dijo que de esos muros no quedaría piedra sobre piedra. Entonces Andrés, junto a Pedro, Santiago y Juan, le preguntó: «Dinos cuándo sucederá esto y cuál será la señal de que ya están por cumplirse todas estas cosas». Como respuesta a esta pregunta, Jesús pronunció un importante discurso sobre la destrucción de Jerusalén y sobre el final del mundo, invitando a sus discípulos a leer con atención los signos del templo y a mantener siempre una actitud vigilante. De este episodio podemos deducir que no tenemos que tener miedo de plantear preguntas a Jesús, pero al mismo tiempo, tenemos que estar dispuestos a acoger las enseñanzas incluso sorprendentes y difíciles que Él nos ofrece.

Después de la Ascensión la Escritura no habla más de él. A partir de aquí sólo los escritos apócrifos tratan de colmar este silencio con demasiados y fabulosas referencias muchas difíciles de creer. La única noticia probable es que Andrés anunció la buena noticia en regiones bárbaras como la Scitia, en la Rusia meridional, como refiere el historiador Eusebio. Se tienen noticias respecto de su martirio que, según una Pasión apócrifa, fue por crucifixión, en una cruz griega. Consta con certeza, por otra parte, la fecha de su fiesta, el 30 de noviembre, festejada ya por San Gregorio Nacianceno. Andrés, a quién se le designa Protoápostol, y la liturgia bizantina «Protóklitos», por haber sido el primer elegido. Andrés, por tanto, fue el primer apóstol que recibió la llamada y siguió a Jesús. Por este motivo la liturgia de la Iglesia bizantina le honra con el apelativo de «Protóklitos», que significa el «primer llamado».

Un escrito que data del siglo III, el “Fragmento de Muratori” dice: “Al apóstol San Juan le aconsejaban que escribiera el Cuarto Evangelio. Él dudaba, pero le consultó al apóstol San Andrés, el cual le dijo: ‘Debes escribirlo. Y que los hermanos revisen lo que escribas’”. El “Fragmento de Muratori”, que data de principios del siglo III: “El cuarto Evangelio fue escrito por Juan, uno de los discípulos. Ocurrió así: Cuando los otros discípulos y obispos urgieron a que escribiese, Juan les dijo: “Ayunad conmigo a partir de hoy durante tres días, y después hablaremos unos con otros sobre la revelación que hayamos tenido, ya sea en pro o en contra. Esa misma noche, fue revelado a Andrés, uno de los Apóstoles, que Juan debía escribir y que todos debían revisar lo que escribiese”.

Teodoreto cuenta que Andrés estuvo en Grecia; los habitantes de Sínope decían poseer un retrato auténtico del santo y que conservaban el ambón desde el que predicaba. En la Edad Media era creencia general que San Andrés había estado en Bizancio, donde dejó como obispo a su discípulo Staquis. El origen de esa tradición es interesado, pues procede de una época en que convenía a Constantinopla atribuirse origen apostólico para no ser menos que Roma. Extendido el Imperio Romano a Oriente, para no tener menor relevancia que Roma con su Pontificado Romano, Constantino constituye otra cabeza que prestigie a Bizancio, que dejará de ser Bizancio y pasará ser Constantinopla, como tras los siglos, San Petersburgo, será Leningrado y Stalingrado. Pedro era la Cabeza de Roma, su hermano Andrés, el que evangelizó la península de Anatolia (actual Turquía), será cabeza de Bizancio, transformado en Constantinopla. Esa será el origen de la división de las dos Iglesias, desde hace 1000 años.

La “pasión” apócrifa dice que fue crucificado en Patras de Acaya. Como no fue clavado a la cruz, sino sólo atado, pudo predicar al pueblo durante dos días antes de morir. En tiempos del emperador Constancio II las reliquias de San Andrés fueron trasladadas de Patras a la iglesia de los Apóstoles, en Constantinopla. Los cruzados tomaron Constantinopla en 1204, y, poco después las reliquias fueron robadas y trasladadas a la catedral de Amalfi, en Italia.

Una tradición sucesiva, narra la muerte de Andrés en Patras, capital de la provincia de Acaya, en Grecia donde también él sufrió el suplicio de la crucifixión. Ahora bien, en aquel momento supremo, como su hermano Pedro, pidió ser colocado en una cruz diferente a la de Jesús. En su caso, se trató de una cruz en forma de equis, es decir, con los dos maderos cruzados diagonalmente, que por este motivo es llamada «cruz de san Andrés». Esto es lo que habría dicho en aquella ocasión, según una antigua narración, titulada «Pasión de Andrés». Que lo amarraron a una cruz en forma de aspa y que allí estuvo padeciendo durante tres días, que aprovechó para predicar a los que se le acercaban. Dicen que cuando vio que le llevaban la cruz para martirizarlo, exclamó: “Yo te venero oh cruz santa que me recuerdas la cruz donde murió mi Divino Maestro. Mucho había deseado imitarlo a Él en este martirio. Dichosa hora en que tú al recibirme en tus brazos, me llevarán junto a mi Maestro en el cielo”. Nos encontramos ante una espiritualidad cristiana sumamente profunda, que ve en la Cruz, más que un instrumento de tortura, el medio incomparable de una asimilación plena con el Redentor, con el grano de trigo caído en la tierra. Tenemos que aprender una lección muy importante: nuestras cruces alcanzan valor si son consideradas y acogidas como parte de la cruz de Cristo, si son tocadas por el reflejo de su luz. Sólo por esa Cruz también nuestros sufrimientos quedan ennoblecidos y alcanzan su verdadero sentido. La tradición coloca su martirio en el 30 de noviembre del año 63.

El Apóstol San Andrés, nos enseña a seguir a Jesús con prontitud (Mt 4, 20; Mc 1,18), a hablar de Él con entusiasmo, y sobre todo a cultivar con Él una relación de auténtica intimidad, conscientes de que sólo en Él podemos encontrar el sentido último de nuestra vida y de nuestra muerte.

SU ORACION ANTE LA CRUZ:

«Salve, oh Cruz, inaugurada por medio del cuerpo de Cristo, que te has convertido en adorno de sus miembros, como si fueran perlas preciosas. Antes de que el Señor subiera sobre ti, provocabas un temor terreno. Sin embargo, ahora, dotada de un amor celeste, te has convertido en un don. Los creyentes saben cuánta alegría posees, cuántos regalos deparas. Confiado, por tanto, y lleno de alegría, vengo para que tú también me recibas exultante como discípulo de quien fue colgado de ti… Cruz bienaventurada, que recibiste la majestad y la belleza de los miembros del Señor…, tómame y llévame lejos de los hombres y entrégame a mi Maestro para que a través de ti me reciba quien por medio de ti me ha redimido. ¡Salve, oh Cruz, sí, verdaderamente, salve!».

Andrés Silvente.

Bibliografía:

  (1)El fragmento Muratoriano, o fragmento de Muratori, también llamado canon muratoriano es la lista más antigua conocida de libros considerados canónicos del Nuevo Testamento. En la lista figuran los nombres de los libros que el autor consideraba admisibles, con algunos comentarios. Está escrito en latín. Fue descubierto por Ludovico Antonio Muratori (1672-1750) en la Biblioteca Ambrosiana de Milán, y publicada por él mismo en 1740.

2)                 Bruce Metzger: The Canon of the New Testament (Oxford: Clarendon Press, 1987) ISBN 0-19-826954.

(3)                 Eusebio de Cesarea (1994). Vida de Constantino. Madrid: Editorial Gredos. ISBN 978-84-249-1639-8.  (4)                 Benedicto XVI “los Apóstoles y los Primeros Discípulos de Cristo” Espasa pag.72-79

(5)                 Audiencia General 17 de junio de 2006, Plaza de San Pedro.

(6)                 Jesus Marti Ballester www.jmarti.ciberia.es

(

El último correo de Federico

octubre 17th, 2010

Queridos Hermanos en la fe:

Somos Javier y Rita, hermanos de la Parroquia de la Sagrada Familia de Sevilla, feligreses, catecúmenos y muy amigos de nuestro amadísimo Fede. El día en que nos despedimos de él (el viernes 3 del presente), nos recordaba lo que os amaba a sus catecúmenos murcianos y cómo se sentía amado por vosotros (erais sus preferidos, junto con los colombianos: a los de Sevilla nos quería “por obligación”).

Nos ha emocionado esa noticia que dais en vuestra página parroquial, con una foto tan entrañable. Desde aquí queremos contribuir a vuestro amor por él con este último “correo” que acabamos de “recibir” de él el pasado sábado, ya desde el cielo. Espero que os conforte: nadie puede negar que estemos leyendo sus propias palabras.Nos gustaría compartir con vosotros otras muchas experiencias: yo mismo, que lo amortajé, tengo una foto preciosa de su rostro muerto, pero sonriente y apacible como el de un santo. Cuando la tenga disponible (ahora está en el móvil), si queréis, os la envío.

 Además quedan sus maravillosos escritos: más de doce cuadernos con un sustento irrepetible, que puede ser la salvación para tanta gente. Pedid a Dios con nosotros que alguna vez podamos disfrutar de ellos: nosotros estamos dispuestos a dejarlo todo por esa misión.La paz con vosotros, hermanos. Esperamos que alguna vez nos hagáis también partícipes de lo que tengáis de él y así podamos crecer todos.

Shalom.

 Javier y Rita.

Angel de Dios.

octubre 2nd, 2010

Teresa del Niño Jesús vivió sólo 23 años (1873-1897) y 8 de ellos  los pasó de monja carmelita. ¡Cuán pronto llegó a la cumbre de la santidad!

Alguien dirá: ¿cómo es posible que a tan corta edad se erigiera en maestra de vida espiritual, y que se le haya podido conceder el título de Doctora de la Iglesia?

Pregunta correcta, pues en el mundo de las ciencias y las artes no podría haber recibido ese título sino “honoríficamente”, por algún destello genial en su lírica.

En cambio, en el ámbito eclesial se le ha querido reconocer una vida heroica:

Ella fue fecunda siembra de amor, ternura sin límites,  infancia de hija que halló en Dios (siendo monja del Carmelo de Lisieux) cuanto le faltó en la tierra desde los cinco años cuando perdió a su padre.

El librito en que nos cuenta su vida de infancia espiritual, Historia de un alma, ha sido tan fecundo como la Vida de Teresa de Jesús. 

En realidad, en Teresa del Niño Jesús se ha concedido orla de doctora a la caridad. ¡Cuánto amó santa Teresita!

Veámoslo leyendo en su Autobiografía: 

En el corazón de la Iglesia, yo seré el amor

 “Teniendo un deseo inmenso del martirio, acudí a las cartas de san Pablo, para tratar de hallar una respuesta. Mis ojos dieron casualmente con los capítulos doce y trece de la primera carta a los Corintios, y en el primero de ellos leí que no todos pueden ser al mismo tiempo apóstoles, profetas ­y doctores, que la Iglesia consta de diver­sos miembros y que el ojo no puede ser al mismo tiempo mano. Una respuesta bien clara, ciertamente, pero no suficiente para satisfacer mis deseos y darme la paz.

Continué leyendo sin desanimarme, y encontré esta consoladora exhortación: Ambicionad los carismas mejores. Y aún os voy a mostrar un camino excepcional. El Apóstol, en efecto, hace notar cómo los mayores dones sin la caridad no son nada y cómo esta misma caridad es el mejor camino para llegar a Dios de un modo seguro. Por fin había hallado la tranquilidad.

Al contemplar el cuerpo místico de la Iglesia, no me había reconocido a mí misma en ninguno de los miembros que san Pablo enumera, sino que lo que yo deseaba era más bien verme en todos ellos. En la caridad descubrí el quicio de mi vocación. Entendí que la Iglesia tiene un cuerpo resultante de la unión de varios miembros, pero que en este cuerpo nunca falta el más necesario y noble de ellos: entendí que la Iglesia tiene un corazón y que este corazón está ardiendo en amor. Entendí que sólo el amor es el que impulsa a obrar a los miembros y que, si faltase este amor, ni los apóstoles anunciarían ya el Evangelio, ni los mártires derramarían su sangre. Reconocí claramente y me convencí de que el amor encierra en si todas las vocaciones, que el amor lo es todo, que abarca todos los tiempos y lugares, en una palabra, que el amor es eterno.

Entonces, llena de una alegría desbordante exclamé: «Oh Jesús, amor mío, por fin he encontrado mi vocación; mi vocación es el amor. Sí, he hallado mi propio lugar en la Iglesia, y este lugar es el que tú me has señalado, Dios mío. En el corazón de la Iglesia, que es mi madre, yo seré el amor; de este modo lo seré todo, y mi deseo se verá colmado.»

EL CRISTO DE MONTEAGUDO

abril 10th, 2010

Bienaventurados seréis cuando los hombres os odien, cuando os expulsen, os injurien y proscriban vuestro nombre como malo, por causa del Hijo del hombre. Alegraos ese día y saltad de gozo, que vuestra recompensa será grande en el cielo. Pues de ese modo trataban sus padres a los profetas. (Lc. 6).

En Murcia, don José Luis Mazón – abogado él – parece ser que quiere que retiren la estatua del Sagrado Corazón de Jesús del pueblo de Monteagudo. Su demanda dice estar “apoyada en la fuerza de la luz de la razón frente al poder decadente del oscurantismo que niega la supremacía de la razón” (don José Luis dixit). Le estorba la estatua que preside lo alto de una peña porque estropea el castillo árabe en el que se ubica esa imagen del Sagrado Corazón. Lo que pasa es que el cabreo de la buena gente de la pedanía murciana es de aúpa. Y no les falta razón porque ese Sagrado Corazón dicen que forma parte de la idiosincrasia del pueblo: de su paisaje, de su historia, de los valores que han conformado el carácter del pueblo.

El señor José Luis Mazón es buena muestra del laicismo cristofóbico que caracteriza al progresismo español en el poder. Es de los que propugnan que la religión y sus símbolos deben desaparecer de la vida pública. Los cristianos deben aprender “que los símbolos de sus privadas creencias” (cito textualmente al señor Mazón en un artículo suyo publicado en La Verdad de Murcia) sólo se deben exhibir “en sus lugares de culto, en sus domicilios, o sobre sus propios cuerpos, pero el espacio público es sagradamente neutral” (lo de “sagradamente” no deja de resultar sarcástico). Según este iluminado de la diosa Razón, la fe debe quedar relegada a lo privado. Y apelando como fuente de autoridad histórica al señor Amenábar y a sus película Ágora (que manda narices), nos pinta a los cristianos como fanáticos irracionales y peligrosos integristas dispuestos a apagar el faro de la razón que es el único que nos debe iluminar.
Lo que ocurre en Monteagudo, según este “iluminado” es un nuevo capítulo de la lucha “entre la racionalidad que encabezó y triunfó en la Revolución de 1789 en Francia, y la irracionalidad, la primacía de lo visceral” (cito de nuevo al propio señor Mazón). Se olvida el señor Mazón de que la Revolución Francesa, guiada por esa pura racionalidad que los iluminaba, condujo a la guillotina a miles de franceses. Y es que la razón sin corazón nos hace perder la cabeza, como le ocurre (entiéndase esta vez de manera figurada) a don José Luis.
¿Sabe usted quiénes fueron San Agustín o Santo Tomás de Aquino, señor Mazón? Mire usted: la fe y la razón no están en absoluto reñidas. Le recomiendo que lea el discurso que Benedicto XVI pronunció en la Universidad de Ratisbona. Por cierto, ¿Sabía usted que la Universidad nació en las catedrales europeas varios siglos antes de la Revolución Francesa? Y ¿sabe usted por qué? Pues porque para los cristianos la Verdad es Dios. Y la razón nos permite buscar esa Verdad y cuanto más cerca estemos de la Verdad, más lo estaremos de Dios. Por eso la ciencia y la técnica se han desarrollado en la Europa Cristiana y no en el mundo animista ni en el musulmán ni en el budista. No hay incompatibilidad alguna entre la fe en el Dios de Jesucristo y la razón, como no la hay entre fe y ciencia. La cultura europea, señor Mazón, está secularmente enraizada en la fe cristiana y sigue estándolo: por eso a la gente no le gusta que le toquen las raíces, don José Luis. Y se enfadan como se enfadarían esas buenas gentes si les mentaran a su madre.
Lo que pasa es que la razón sin corazón produce monstruos. Sin sentimientos de compasión y de misericordia, la razón nos puede conducir de nuevo a la barbarie pagana: al aborto, si no se desea al niño o si viene con malformaciones; a la eutanasia, si el enfermo o el anciano ya no es productivo ni sirve para nada. Y así sucesivamente hasta llegar a los campos de exterminio nazi o a los GULAG soviéticos; o, por no salir de casa, a las “checas” de la Segunda República Española. Porque a los nazis y a los comunistas tampoco les gustaba el Sagrado Corazón: les pasaba como a usted, don José Luis. Un comunista chino, hoy en día (no nos vayamos a la historia), ve una imagen del Sagrado Corazón y le da un sarpullido o un ataque de ansiedad. De hecho más de un católico está ahora mismo disfrutando de la hospitalidad de las cárceles chinas por profesar su fe en Jesucristo. Y no pueden quejarse: en muchos países musulmanes, los cristianos son perseguidos y, a veces, asesinados sin piedad (por ejemplo en Irak o en Pakistán o, incluso en Egipto).

Le pondré otro ejemplo: en Arabia Saudí los símbolos religiosos cristianos están perseguidos no sólo en los espacios públicos, sino incluso dentro de los propios domicilios de los creyentes. En este país, está prohibido y penado tener una Biblia en casa o dar catequesis a los propios hijos. Yo le recomiendo que huya de esta España oscurantista e irracional y pida refugio con urgencia en ese bonito país de la Península Arábiga, señor Mazón: allí seguro que no le ofenderá ningún crucifijo en las escuelas ni ninguna imagen del Sagrado Corazón en espacios públicos. Sólo le prevengo de que no alardee de agnosticismo o de ateísmo porque allí el nombre de Alá es sagrado y correría peligro de que su cabeza acabara colgando de alguna cuerda.

Como se ve que usted no sabe muy bien lo que representa esa imagen del Sagrado Corazón que bendice al pueblo desde lo alto del monte, se lo voy a explicar, señor Mazón: ese Sagrado Corazón está ahí porque mientras los progresistas, que gobiernan España y que comulgan con sus mismos postulados ideológicos, han enviado al paro a más de cuatro millones de españoles, los cristianos irracionales, oscurantistas y fanáticos, organizan comedores sociales que sufragan con su propio dinero para alimentar a miles de familias que ya no tienen ni para comer.Y eso lo hace en toda España Caritas, que es la Iglesia Católica, señor Mazón: no las casas del pueblo de la UGT ni la logia masónica de guardia. Porque la Iglesia predica la razón del corazón de Jesús, que es misericordia: dar de comer al hambriento, de beber al sediento, acoger al inmigrante y socorrer a los que quedan tirados en las cunetas de la historia sin preguntarles por sus creencias ni por sus simpatías políticas. Manos Unidas o Caritas o los misioneros cristianos, don José Luis, ayudan, socorren y trabajan cada día por la justicia, por la libertad y por la dignidad de los pobres y humillados estén donde estén y profesen la ideología o la religión que sea, porque el Corazón de Jesús, que a usted parece ofenderle tanto, les llama a entregar sus vidas por los crucificados que siguen sufriendo hoy en nuestro mundo. La revolución cristiana es la revolución del amor, señor Mazón. El logos de Dios es el amor y lo que nos pide Jesús es que le amemos a usted, don José Luis, aunque usted sea nuestro enemigo declarado. Dicen que tiene usted miedo a la reacción violenta de los católicos. No tema, señor Mazón. Si hubiera dibujado usted una caricatura de Mahoma no le diría lo mismo. Pero nuestra revolución, la de los cristianos, no es política ni ideológica ni violenta.
Nuestra revolución pasa por la Cruz de Cristo y por su Resurrección que representa el triunfo del amor sobre el odio; la victoria de la verdad sobre la mentira, de la vida sobre la muerte y de la compasión sobre la crueldad. Nuestras únicas armas son el rosario, la oración y los sacramentos. Nuestra fe se propone (en la plaza pública, a tiempo y a destiempo) pero no se impone. Le recuerdo a usted que Jesús predicó en la calles y en las sinagogas; en los montes y en las ciudades. Y nos pidió a nosotros, su Iglesia, que fuéramos sus testigos en el mundo. Y lo vamos a seguir siendo, señor Mazón. La luz de Cristo está hecha para que alumbre en medio de la oscuridad del mundo, aunque al mundo no le guste que le destapen sus vergüenzas y pretenda apagar esa luz para que no deje al descubierto sus mentiras, su corrupción, su crueldad, su egoísmo y su injusticia. La luz vino al mundo y el mundo no la recibió. Ni quiere recibirla.Jesús predicó el amor y los relativistas de su época, los sabios, los entendidos y los letrados – también abogados iluminados de entonces como lo es usted hoy en día – lo condenaron a muerte y lo crucificaron. Y si volviera a pasearse por Murcia nuestro Señor, seguro que los iluminados, los relativistas y los hedonistas; los de la hoz y el martillo o los del compás y el mandil lo volverían a crucificar. El odio a Dios y la persecución a los cristianos no son nada nuevo en la historia de los últimos dos mil años. Incluso antes de Jesucristo ya mataban a los profetas. Nuestra respuesta, señor Mazón, a las provocaciones y a las persecuciones – no se preocupe usted – no va a ser violenta. No tema. Nuestra mejor manera de seguir las enseñanzas del Sagrado Corazón de Jesús es la santidad. Pero no se engañe a sí mismo: lo que a usted le molesta realmente no es una estatua. Lo que usted odia es a Cristo y a la Iglesia. Y en los últimos dos mil años – no es por desanimarle a usted – muchos han intentado borrar a Jesucristo y a su Iglesia de la faz de la tierra; muchos mártires han derramado su sangre por hacer presente al Sagrado Corazón de Jesús en la vida pública, en la historia que les tocó vivir. Pero esa sangre de nuestros mártires siempre ha servido para dar más fuerza a la Iglesia y ni los emperadores romanos ni los comunistas ni los iluminados, han podido ni podrán apartarnos del amor de Dios. Las persecuciones, las calumnias y las ofensas nos fortalecen: “Bienaventurados cuando os odien, cuando os expulsen, os injurien y proscriban vuestro nombre como malo, por causa del Hijo del hombre”. Nadie podrá impedir nunca que el Corazón de Jesús reine en los corazones de su pueblo.

Pedro Luis Llera
Profesor de Lengua

El año de la Cruz

enero 24th, 2010

“El alma que a Dios está toda rendida,y muy de veras del mundo desasida,la cruz le es árbol de vida y de consuelo,y un camino deleitoso para el cielo”. (Sta. Teresa de Jesús).

Cuando los emisarios de Juan el Bautista le preguntan a Jesús si es él quien ha de venir o tienen que esperar a otro, él muestra con sus signos, los profetizados por Isaías, el aval de su mesianidad: los ciegos ven, los cojos andan… a los pobres se les anuncia la buena noticia. Dichoso el que no se escandalice de mí. Porque es escandaloso para muchos seguir a un Mesías  crucificado. De hecho hoy el mundo sigue a pies juntillas las apreciaciones de Nietzsche para quien el cristianismo es una moral de esclavos. Cuando más, la cruz viene reducida, en nuestra sociedad secularizada, a mero símbolo de la solidaridad humana, sin apercibirse de que la cruz sin el Crucificado, vencedor de la muerte, se convierte en expresión de solidaridad derrotada.La cruz es  tan escandalosa que ha quedado suprimida en Europa de los cruces de los caminos, de los edificios públicos, de las aulas y de los hogares. Porque la cruz habla de algo difícil de entender hoy: de la capacidad de sufrimiento como camino de la realización humana, cuya máxima expresión es la santidad, que consiste en amar lo que Jesús amó en ella y en ella despreciar lo que él despreció.

Amó la fidelidad a Dios, que le encomendó mostrar a los hombres su rostro de Padre. Amó la fidelidad a sus hermanos, entregándose hasta la muerte. Despreció la riqueza, la salud, el poder, el placer. Buscó con sus brazos extendidos entre el cielo y la tierra, a la oveja perdida.

Año Santo de la Cruz. En Caravaca nos espera el leño del Señor crucificado. Nos reclama para que hagamos el camino interior y exteriormente.

Caminaremos guardando en la retina el bello estuche dorado de doble brazo, ornado de rubíes: es la gloria de la Cruz. Pero nos acordaremos de que en su interior se esconde una dura astilla del árbol en el que se nos devolvió la vida, a precio de sangre. Y tal vez nos conmueva el grito de Jesús ¡tengo sed!  (de ti, de mí).

Y escucharemos del Maestro la invitación a cargar con la cruz de cada día: y podremos vivir, si la aceptamos, el gozo y el dolor que supone extender los brazos en gesto de acogida del hermano, pues quien quiera ganar su vida en ente mundo la perderá, pero quien la pierda por mí y por el evangelio la encontrará.

 José Alberto Cánovas Sánchez.

TIEMPO DE ADVIENTO

diciembre 14th, 2009

Como los años anteriores, el tiempo de adviento ha llegado otra vez y estamos en ello. Es el tiempo que anuncia, tiempo de preparación, tiempo de conversión para recibir a Cristo. Este tiempo significa viene, avenida.¿Quién viene? ¿Por qué viene? ¿Para que viene?Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad. 1 Tim.2,4.

El corazón humano es un corazón de deseo. ¿Por qué quieres venir a los hombres? El Dios en el que creemos es el donante. El hombre es el que recibe el don. Dios quiere que todos los hombres salven y participan en la unión fraternal con él y por eso viene.Quiere que seamos santos como él. Pero el hombre moderno prefiere ser libre y ha puesto su libertad por encima del amor y quiere vivir contra Dios. Quiere vivir afirmando su dignidad como si Dios no existiera. El hombre de hoy piensa que Dios es una contradicción, que está contra su voluntad y alegría. Que la limita y corta. Pero Dios viene y su voluntad es salvar al hombre.

El pecado ha quitado el amor. El adviento nos recuerda que Dios viene a salvarnos. El tentador, sabiendo que somos llamados y convocados por Dios y que hemos respondido a su llamada nos dice que no es verdad y que Dios no nos quiere.

Mirad, las estrellas brillar, sus luces anuncian que Dios ahí está, en el seno de la Virgen ésta luz ha encendido, se hizo carne en la Virgen María. Es el Mesías prometido, él es nuestra salvación.

Queridos hermanos, ¡Dios esta aquí! El apóstol San Lucas nos recuerda que ha llegado nuestra liberación: “y entonces verán venir al hijo del hombre en una nube con gran poder y gloria. No temáis, Animo y levantad la cabeza porque se acerca vuestro liberación”. LC. 21:27-28.

¿Quién puede ver a Dios? El salmo de David, salmo 24, nos recuerda también, que para ver a Dios, ¡TODO SERA EVALUADO!  Dice el salmo “Quien subirá al monte de Señor? Quien podrá estar en su recinto Santo? El hombre de manos inocentes y limpio de corazón…”.

El que está preparado solo puede ver a Dios. Tenemos que transfórmanos para que seamos santos. Dios no puede vivir en un corazón muy sucio. División íntima de corazón produce división intima de la persona ante Dios.  El problema con nosotros es porque no acabamos de convertirnos a Dios.

“La conversión es vencer el alma”. Dice El Papa Benedicto XVI  en el rezo de Ángelus, Marzo, 2007.

El pecado puede ser un obstáculo en la obra de conversión, pero volver a caer no es un obstáculo porque Dios esta siempre dispuesto a abrazarnos como sus hijos y nos ayuda a levantarnos. La conversión es la orientación radical hacia Dios, todo eso para conversar con El y vivir con el corazón nuevo.

¿Cuál es nuestra tarea entonces? Buscar la gente que no están bien, ayudarlos, prepararlos para responder a la llamada de Cristo.

Una voz grita en el desierto: “Preparad el camino del Señor” Allanad los senderos de nuestro Dios.

¡Vamos, todos! Bajamos los valles de nuestro desánimos.  La presencia ya ha comenzada.

¡Alegraos! Flp.3,1.

¡Despertad! Rom. 13,11.

Despierto para Dios y despierto para los hombres. Eso es lo que advierte el adviento. La noche de los sentidos está en nuestras manos. Pero la noche del Espíritu está en Dios. El señor viene a redimirnos de los pecados. Vamos a descubrir la fuente de la alegría.¡Maránatha, Ven, Señor Jesús!

Kenneth-Iloabuchi.

Carta a Francisco de Asis

octubre 6th, 2009

EN EL DCCC ANIVERSARIO DE LA FUNDACIÓN DE LA ORDEN FRANCISCANA

(Francisco J. Castro Miramontes, en Alter Christus). Hermano Francisco: paz y bien. Han pasado ya casi ocho siglos y aún seguimos recordándote, aun cuando seguramente tú hubieras preferido pasar de puntillas por la historia, porque en realidad eras, de corazón, un ciudadano del cielo. Casi ochocientos años en los que la Humanidad ha seguido su curso y en los que hemos vuelto a caer en los graves errores de tu época. De hecho seguimos viendo en ti, hombre de tu tiempo, curtido en la brega cotidiana en un medio cultural, político, religioso y económico determinado, a alguien que tiene mucho que decirnos hoy. En ese sentido, está claro que no has perdido ni un ápice de actualidad, de novedad y de originalidad.
Pero al tiempo que constato esto no dejo por ello de sentir una especie de nostalgia, y al mismo tiempo de tristeza. Me explico. Sentimos nostalgia de alguien, de algo, de algún lugar, que identificamos como único, hermoso, esencial en nuestras vidas. Y lo hacemos precisamente porque tememos haberlo perdido, o que ya no vuelva más, o que ya nada vuelva a ser lo mismo. Mi nostalgia hacia ti consiste quizá en que siento que tu historia de amor se ha quedado anclada, estancada, perdida, como si de una isla se tratase, en el océano inmenso de la historia, como si lo que tú viviste ya no pudiera ser vivido hoy, al menos no de la misma manera y con la misma intensidad. Y me refiero no a tu vida concreta que, al fin y al cabo, es única e irrepetible, sino a tu experiencia de amor solidario y generoso, tu compromiso desde y por la paz, que hoy tanto necesitamos.La nostalgia es positiva si nos hace renacer a lo mejor de nosotros mismos, aunque sea a fuerza de idealizar y soñar con lo hermoso. La tristeza me brota –te lo confieso– porque compruebo que el ser humano de hoy, en realidad, no ha evolucionado. Sí es cierto que la tecnología es deslumbrante. Seguramente a ti te sobrecogería comprobar cómo se ha avanzado en el aspecto de la técnica o la medicina, pero de un modo injusto, ya que hemos convertido el mundo en un gigantesco lazareto en el que marginamos a miles de millones de personas que han de sobrevivir (y a veces ni siquiera eso) en medio del latigazo insultante de la miseria. Sí, sin duda, tú, hoy, de nuevo, estarías ahí, junto a estos nuevos «leprosos».El gran avance, el progreso del que tanto hablan los políticos, en realidad es un poco ficticio. Para algunas personas la vida es un poco más cómoda, tienen (tenemos) muchos medios materiales, pero el corazón sigue siendo el mismo, el que tú conociste en tu tiempo. Las diferencias, aquí, son de mero matiz. En tu tiempo vestíais de un modo, viajabais a caballo, no teníais televisión ni internet, pero el corazón humano podía llegar a ser inmensamente mezquino, como hoy. La verdadera revolución, la del corazón, la iniciada por tu Jesús y continuada por ti, aún está inconclusa. Es un gran fracaso, pero al mismo tiempo también un estímulo para continuar construyendo sueños y esperanzas, porque, como puedes comprobar, aún está casi todo por hacer. Es cierto que han sucedido acontecimientos hermosos, que el bien sigue abriéndose un hueco en medio de la historia, que hay personas maravillosas que se parecen mucho a ti, pero el mal sigue siendo contumaz y se resiste a abandonar el corazón humano, en cuya tierra brotan todas las semillas de enfrentamiento y violencia. De las guerras de nuestro tiempo no quiero ni hablarte, de tantas formas de guerra bastante más cruentas que las de tu tiempo, porque hoy, es muy fácil matar: ¡qué horror!Tu familia religiosa –aunque tú no querías fundar nada por no sentirte digno– ha sido, sigue siendo, muy próspera, aunque ha sido una historia de luces y sombras, de lucha por conquistar un hermoso ideal al tiempo que la realidad concreta se nos impone, una realidad llena de contradicciones e infidelidades. Hoy existen no sé cuántos movimientos religiosos y culturales que siguen tu estela. La Iglesia ha beatificado y canonizado a varios cientos de tus seguidores (perdona; de los seguidores del Evangelio). También tus hijos e hijas han ofrecido su sangre en martirio, sin mirar atrás, sintiéndose herederos/as del reino de los cielos, con esa libertad de la que tú hablabas con frecuencia, la que nos lleva a hacer sólo aquello que no es contrario «a nuestra alma». Y en medio del mar del mundo seguimos refiriéndonos a tu «perfecta alegría», aquella que expresaste al Hermano Leone camino de Santa María, cuando el mal tiempo arreciaba y se confabulaba con el cansancio y el hambre. Llegar a la puerta de tu casa y no ser recibido debía ser acatado con paciencia, la ciencia de la paz, venciéndose uno a sí mismo. Es ahí, en la adversidad, en donde vence la humildad de la persona pacífica y enamorada de la vida. Vivir comprometidos con el amor es una apuesta por la verdad caritativa que tú aprendiste en la escuela de Jesús de Nazaret.
La Iglesia actual sigue siendo, en parte, la Iglesia de tu tiempo, porque está conformada por hombres y mujeres frágiles. Se la critica mucho, pero no se quiere ver más que aquello que interesa ver. Gracias a Dios –a quien tú tantas veces dabas gracias por todo y pese a todo– siguen produciéndose en el seno de la Iglesia muchos gestos de entrega generosa por la causa del Evangelio, no siempre comprendido por algunas personas, y por los poderes de este mundo, que no desean tener cerca a testigos de la verdad, no sea que desvelen muchas mentiras sobre las que se sustenta este mundo.
De ti se sigue hablando –y ya sé que no te agrada del todo–, vencedor de vanidades y prepotencias, como un hombre de corazón noble y espíritu humilde, como un gran amante de la creación, como testigo y portador de la paz. Cada año acuden a Asís, y a otros lugares que guardan memoria de ti, muchísimas personas provenientes del mundo entero. ¿Por qué será? Te recuerdo aquí las palabras de aquel hermano tuyo que te preguntaba por qué a ti iban todos, si en realidad tú eras lo contrario al paradigma de héroe de tu tiempo. Tu respuesta fue sencilla y realista: porque Dios sabía de tu pecado y ha querido manifestarse, como siempre, a través de un hombre frágil y consciente de sus limitaciones. «El hombre es lo que es a los ojos de Dios, y eso basta», solías decir. Eras muy consciente de tu indigencia, pero también del gran amor de Dios para con las criaturas.
Te confieso también que en cierto modo hoy te hemos vuelto a defraudar, puesto que nos hemos hecho demasiado acomodaticios y poco comprometidos. Incluso te hemos «secuestrado», porque hablamos mucho de ti, te hemos levantado monumentos, se han construido majestuosos conventos, tu nombre figura en rótulos de calles, y hasta hay ciudades que se llaman como tú, recordándote a ti. Plasmaré aquí, por escrito, lo que tú decías: «Los santos hacen las obras, y nosotros, con narrarlas, queremos recibir honor y gloria». Quizá sea así. Es más fácil hablar de los demás que hacer de la propia vida un camino de encuentro con Dios y la bondad. (…).
Dicen que uno de los personajes más conocidos de la historia del siglo XX llegó a decir –después de liderar una revolución– que en realidad él hubiera necesitado una docena de «Franciscos de Asís» para que se hubiese cumplido su sueño. Al final el lobo que habita en nosotros sale fiero y busca a quien devorar. Tú has sido un rebelde, un revolucionario del corazón, y hoy te recordamos por ello, y yo, personalmente, te lo agradezco. Sabes que en mi vida tú eres muy importante. Cada vez que dirijo mis pasos, caminando por la calle que lleva tu nombre, hacia el convento de San Francisco de Santiago de Compostela, y contemplo tu efigie de brazos abiertos en el «monumento», reconozco que me da la impresión de que la piedra me sonríe, de que allí estás tú, presente, en la piedra moldeada, en el agua de lluvia, en los pájaros cantarines, en los viandantes… en la vida, en el amor, en la paz y en la esperanza.Quiero concluir esta improvisada carta de amigo, de hermano, con una oración, para que la recitemos juntos. Se trata de la «oración de la paz», compuesta mucho tiempo después de ti, pero que sin duda refleja perfectamente tu espíritu y estilo de vida. Quedamos emplazados para una nueva cita, cuando Dios quiera. Tengo ya ganas de estar contigo. Hasta siempre, Francisco, «buenamente»:«Señor, haz de mí un instrumento de tu paz;
donde haya odio, ponga yo amor,
donde haya ofensa, ponga yo perdón,
donde haya discordia, ponga yo armonía,
donde haya error, ponga yo verdad,
donde haya duda, ponga yo la fe,
donde haya desesperación, ponga yo esperanza,
donde haya tinieblas, ponga yo la luz,
donde haya tristeza, ponga yo alegría.
¡Oh, Maestro!, que no me empeñe tanto en ser
consolado como en consolar,
en ser comprendido como en comprender,
en ser amado como en amar.
Pues es dando como se recibe,
olvidando como se encuentra,
perdonando como se es perdonado,
y muriendo como se resucita a la vida eterna».

Por la Familia Cristiana

septiembre 15th, 2009

Hoy tiene lugar en Madrid el encuentro “Por la Familia Cristiana”, encuentro que pretende mostrar su valor inalienable para la Iglesia y la sociedad.

La sociedad tiene su razón originaria en el cultivo y aprecio de la vida, y la vida, en su concepto más profundamente humano requiere un ámbito específico para su desarrollo, y este no es otro que la familia. Ahora bien entender la vida del ser humano  más allá del círculo estrecho del determinismo biológico, es decir, reconocer en la condición humana un “plus” de naturaleza, exige la conciencia de la vida como un don que suscita, por serlo, el estupor, la sorpresa, el agradecimiento. La vida supera el “hacer” y nos adentra en el ser inalienable de la condición humana.Sin embargo asistimos sobrecogidos a la espiral de lo que el Papa denomina “cultura de la muerte”, que se hace patente sobre todo en la falta de conciencia colectiva ante la gravedad de hechos que antes eran socialmente reprobables y hoy, por desgracia, ampliamente aceptados.

El cambio de mentalidad se debe a la crisis profunda de nuestra cultura occidental, que tenía su fundamento en la objetividad de la verdad y por ello, en la objetividad de la ética que dimana de la misma. Han caído los fundamentos de la antropología que ha cimentado la cultura occidental, es decir, la concepción  del hombre como imagen de Dios, y se ha impuesto la idea del hombre autosuficiente, entregado a una libertad no dialogal, sin referencias, sin deseos de trascendencia, obligado a servirse a sí  mismo para alcanzar la efímera felicidad que proporciona el momento.

¿Cómo fundamentar sobre estas bases los valores de la entrega generosa, la fidelidad, el respeto, la veracidad, la justicia? ¿Cómo aceptar la institución del matrimonio como el lugar idóneo para la realización de la vida y su transmisión? ¿Cómo entender la familia como servicio a la vida, más aún, como su santuario? Estos son los retos que plantea la sociedad que ha acogido la “cultura de la muerte” a cuantos creen que el futuro pasa por el respeto a la dignidad de la vida humana, y a su lugar propio de desarrollo que es el matrimonio y la familia.

(Publicado en el diario La Verdad, en su día, con motivo del encuentro “Por la Familia Cristiana”, en Madrid)

José Alberto Cánovas.